Alicia en el País de las maravillas de Lewis Carroll (6)

Sexto Capítulo

Como era un día soleado, el sombrerero y la liebre habían sacado una mesa larguísima al jardín, debajo de un árbol. Allí se encontraban los dos sentados a la mesa, y entremedio de ellos, dormía un lirón. Todo estaba dispuesto para tomar el té: las tazas, los platos, el azúcar, la manteca y el dulce. Cuando la vieron acercarse a Alicia dijeron en voz alta:

– ¡No hay lugar! ¡No hay lugar!

– Hay muchísimo lugar. – respondió ella sentándose en la punta de la mesa.

– ¿En qué mes estamos? – preguntó el sombrerero mirando su reloj.

– En mayo. – respondió Alicia.

– Este reloj sigue atrasando, se ve que la manteca no lo arregló.

– Es que usaste el cuchillo del pan – le dijo la liebre – y seguramente tenía algunas miguitas. Deberías ponerle un poco de dulce. – y le alcanzó el frasco al sombrerero, que volcó una cucharada bien llena sobre el reloj.

– Pero los relojes no marcan los meses. – interrumpió Alicia.

– ¡Qué disparate! ¿Acaso vos tenés un reloj que marque los años?

– Claro que no – dijo Alicia que empezaba a enojarse – los años duran tanto que cualquiera se acuerda en qué año estamos. Los relojes marcan las horas.

– Eso sería absolutamente inútil. – le dijo el Sombrerero.

– Inútil… – repitió el lirón que parecía hablar en sueños.

– Claro que sí – confirmó la liebre – aquí siempre son las cinco de la tarde.

– ¡Son las cinco! – exclamó el sombrerero – ¡La hora del té, la hora del té!. – e inmediatamente se sirvió una taza llena.

– ¿Querés un poco más de té? – preguntó la liebre a Alicia.

– ¡Pero si todavía no tomé nada! No puedo tomar más.

– Dirás que no podés tomar menos. – la corrigió el sombrerero, sirviéndole en su taza. Alicia ya no quería discutir, así que no dijo nada.

– ¿En qué se parecen un cuervo y un escritorio? – preguntó de repente la liebre. Alicia se puso contenta, porque le gustaban las adivinanzas.

– Déjeneme pensar, a ver… – dijo haciendo un esfuerzo por concentrarse.

– No es muy difícil el acertijo. – agregó el sombrerero, lo que puso un poco nerviosa a Alicia. Pero no se le ocurría la respuesta.

– Me doy por vencida. – dijo al final.

– Entonces perdiste. – le respondió la liebre.

– ¿Y cuál es la respuesta? – preguntó Alicia.

– No tenemos la menor idea. – respondieron los dos a coro – si no, ¿para qué te lo preguntaríamos? – y empezaron a reírse a carcajadas.

Alicia empezaba a enojarse otra vez. Esos dos le estaban tomando el pelo. De cualquier manera, ya estaba aburrida de esa merienda de locos, así que se levantó de la mesa y se fue.

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Acerca de kareche

Escritora y editora. Profesora de castellano y Literatura. Especialista en Literatura infantil y juvenil.
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