Alicia en el País de las maravillas de Lewis Carroll (5)

Quinto Capítulo

Alicia caminaba pensando qué camino debería tomar, cuando de repente y de la nada se le apareció un gato sonriente. Primero se asustó, pero después se llenó de curiosidad. Ella había visto muchos gatos, pero este era distinto de todos, porque debajo de sus bigotes de gato tenía una enorme sonrisa.

– ¡Qué raro! – dijo – Un gato con sonrisa. – y enseguida se dirigió a él: – Disculpe, minino, ¿podría usted decirme por dónde tengo que ir?

– Bueno, eso depende, ¿a dónde querés ir?

– A cualquier parte. – dijo Alicia.

– Entonces podés tomar cualquier camino. – respondió el gato con toda razón.

– No, en realidad yo quisiera ir a algún lugar en donde haya personas interesantes para conocer.

– ¿Interesantes?

– Sí, personas para charlar un rato.

– Si vas por ese camino, – le dijo el gato – vas a llegar  a la casa de un sombrerero, pero está loco.

– ¿Y por ese otro camino a dónde llego?

– Por ahí vas a la casa de una liebre, que también está loca.

– Pero, ¿todos están locos en este lugar? – preguntó Alicia un poco enojada.

– Absolutamente todos, hasta yo estoy loco, y creo que vos también.

El gato desapareció repentinamente sin darle tiempo a Alicia para responder.

– ¡Pero qué gato desvergonzado! – protestaba ella – decir que yo estoy loca, ¡qué atrevimiento!

El gato volvió a aparecer tan repentinamente como había desaparecido, y Alicia casi se cae sentada de la sorpresa.

– ¡Usted otra vez! ¿Quiere matarme del susto? No se aparezca de esa manera, por favor.

– Me olvidé de avisarte, que ya es la hora del té, y que seguramente la liebre esté en casa del sombrerero tomando la merienda con él.

– Eso sí que suena bien, – dijo Alicia – estoy muriendo de hambre, y me encantaría tomar una rica merienda. Creo que iré a visitarlos.

– Muy bien, – opinó el gato – nos veremos luego en el partido de croquet de la reina.

– ¿Qué partido? – preguntó Alicia, pero el gato ya había empezado a desaparecer; esta vez muy despacito, de a poco, primero la cola, después el cuerpo, la cabeza, y por último, la sonrisa que quedó flotando unos segundos en el aire.

– ¡Qué raro! – pensó Alicia en voz alta – Ya era extraño un gato con sonrisa, pero más extraña es una sonrisa sin gato. – y siguió caminando hacia la casa del sombrerero loco.

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Acerca de kareche

Escritora y editora. Profesora de castellano y Literatura. Especialista en Literatura infantil y juvenil.
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