Torta de limón

Este cuento de mi autoría salió en la revista Billiken, de Buenos Aires. Lo comparto, para los que están un poco lejos del kiosco de revistas…

–Cinco minutos de siesta, nada más.

–¿Cuánto es cinco minutos? –preguntó Carolina a su mamá.

–Hay que contar cinco veces hasta sesenta.

Carolina protestó un poco y finalmente se tendió en la cama, boca arriba, mirando el cielo raso sin mucho entusiasmo.

–Uno, dos, tres… –contó en voz alta para no olvidarse– …cuatro, cinco, seis… –su mamá cerró la puerta sin hacer ruido al salir– …siete, ocho, nueve… –una mosca daba vueltas cerca de la lámpara– …diez… –y la habitación se dio vuelta.

El techo se convirtió en el piso, y el piso en el techo. Carolina se encontró de pronto junto a la lámpara de vidrio que siempre estaba muy alta y que parecía una torta de limón. Porque las tortas de limón tienen una cubierta blanca, medio transparente, justo como el vidrio de la lámpara de la habitación de Carolina. La mosca se había parado sobre ella. ¿Qué gusto tendría? Espantó a la mosca y pensó en probar la torta-lámpara o la lámpara-torta, pero no encontraba un cuchillo para cortar una porción. Entonces recordó que en el último cajón de la cómoda su mamá guardaba un cuchillito de plata que usaba para abrir cartas.

–Ese me va a servir –se dijo–. Solamente tengo que cruzar hasta el otro lado del cuarto.

Eso era fácil cuando el cuarto estaba en su lugar, pero ahora que estaba patas para arriba se hacía un poco más complicado. En el medio del cielo raso el ventilador giraba amenazante haciendo un ronroneo repetido. Por suerte, su mamá lo había puesto muy despacio y las paletas daban vueltas lentamente. Carolina se acercó lo más que pudo y saltó la primera, hizo dos pasos cortitos y saltó la segunda, respiró hondo y saltó la tercera. Cayó sentada justo al lado de la cómoda. Sin embargo, no la veía. Tuvo que levantar la vista para descubrirla. El mueble estaba como atornillado en lo que ahora era el techo.

–¿Y ahora? ¿Cómo llegó hasta allá arriba?

Decepcionada, Carolina no podía creer que ese cajón que siempre había estado tan cerca de sus manos ahora fuera el más lejano.  Se estiró todo lo que pudo y ni siquiera alcanzó la manija del primero. Y estaba a punto de darse por vencida cuando vio la biblioteca llena de libros que se extendía como una escalera sobre la pared opuesta.

Pasó por encima del ventilador repitiendo sus tres saltos, pero esta vez cayó parada como una bailarina. Eligió algunos libros gordos y duros y volvió junto a la cómoda. Armó unos escalones con los libros y se subió haciendo equilibrio hasta que alcanzó la manija dorada del primer cajón. Se sujetó con fuerza y empezó a balancearse. Muy pronto pudo agarrar la segunda manija, y después la tercera, y por fin la cuarta y última. Carolina se sostenía con los pies en el aire. Abajo, la pila de libros empezaba a desmoronarse. Arriba, el último cajón empezó a ceder y deslizarse muy suavemente. Cerró los ojos justo en el momento en que una lluvia de lápices, botones, tarjetas, moños de regalo, y otras chucherías sin importancia le caían desde el cajón abierto. Se soltó y ella también cayó sobre los libros que terminaron de desparramarse. El cielo raso antes vacío y blanco, ahora estaba cubierto por todas las cosas que habían salido del cajón.

–¡Qué desastre! –dijo Carolina– Voy a tener que ordenar todo esto –pero en ese momento vio junto a su pie derecho el cuchillito de plata y se acordó de la torta de limón.

No esperó ni un segundo, lo tomó y fue directo a la lámpara. Saltó por tercera vez las tres paletas del ventilador y estaba por hundir la punta reluciente del cuchillo en esa torta que seguramente era de limón cuando la voz de su mamá la detuvo.

–Arriba, Caro, dormiste más de dos horas –y la habitación volvió a darse vuelta. El techo fue techo, el piso fue piso, y la lámpara quedó otra vez lejos y en lo alto. Carolina la observaba desde la cama, acostada boca arriba. ¿Qué gusto tendría?

Acerca de kareche

Escritora y editora. Profesora de castellano y Literatura. Especialista en Literatura infantil y juvenil.
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5 respuestas a Torta de limón

  1. ¡Felicitaciones! ¿Pero como que salió hoy? ¿La revista Billiken no sale los viernes? Pasame el número así me la compro. Un beso.

    • kareche dijo:

      Billiken sale los viernes, pero se distribuye los sábados. El sábado fue feriado, entonces recién hoy llegó a los kioscos. Tiene como fecha el 8 de julio y es la número 4769. Besos!!!

  2. Lucía Domínguez Iglesias dijo:

    ¡Precioso, Karina! Me ha encantado todo, de principio a fin. La historia empieza siendo tan reconocible: mi padre también me obligaba a dormir la siesta en verano para que él pudiera descansar un poco y, finalmente, él se levantaba a los 15 minutos y yo dormía 2 horas… Y el momento de la inmersión en el sueño, sin ser capaz de distiguir fantasía y realidad. Y la narración, tan dinámica, divertida, descriptiva…
    ¡Enhorabuena de nuevo! Eres una gran escritora. Por cierto, los libros que regalaste a la Biblioteca encantan a los niños. Están casi siempre prestados, tanto los de tu autoría como los otros. Gracias en su nombre.
    Un besito y hasta muy pronto,
    Lucía

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