La hormiga música

Cuando Emilia anunció que sería música, las demás hormigas se quedaron pasmadas.

—¡Eso es imposible! —gritó una.

—Jamás en la vida ha habido una hormiga música.

—Entonces yo seré la primera —dijo Emilia cada vez más contenta.

Las hormigas vivían justo debajo de la sala de ensayos de la Orquesta Municipal. Por las noches salían de su hormiguero y buscaban restos de comida entre los instrumentos y las partituras que parecían abandonados.

—¿Ah, sí? ¿Y se puede saber cómo vas a hacer música vos?

Emilia todavía no lo tenía decidido, así que empezó a pensar y dijo:

—Instrumentos de viento: creo que empezaré con la flauta, el saxofón o la trompeta.

—No tenés suficiente aire en los pulmones, ¿no has visto como inflan los cachetes los músicos de la orquesta? Vos no tenés espacio para albergar tanto aire.

—Es cierto. —admitió Emilia—. Entonces… percusión, ¿qué tal los platillos, o el tambor o la pandereta?

—¡Ay, Emilia!, qué tonta que sos. ¿Cuántas veces hemos caminado sobre estos instrumentos? —preguntó un hormiga gorda que justo estaba parada sobre la batería y había comenzado a dar grandes saltos. — ¿Acaso escuchás algún ruido? Vos, que sos más pequeña y ligera que yo, ¿cómo pensás hacer sonar una nota siquiera?

—Es verdad, —aceptó Emilia— me falta fuerza para esto. Pero, ¿qué tal con las cuerdas? Podría ser el chelo o la guitarra o el violín…

—¿Ah, sí? ¿Y con qué dedos si se puede saber?

Emilia miró las pinzas de sus extremidades, no servirían para las cuerdas.

—Dejá ya de soñar y terminemos de juntar las miguitas que los músicos dejaron después del ensayo, que ya pasa de la medianoche.

Las hormigas hicieron la recolección de las migas y en fila india volvieron al hormiguero. Todas, menos Emilia, que se subió al atril del director y empezó a caminar por los pentagramas llenos de notas. De repente, el músico entró y sin dar tiempo a nada cerró su cuaderno con todas las partituras de un golpe. Emilia quedó adentro, aplastada entre las hojas.

Al día siguiente, cuando empezó a dirigir la orquesta, el director descubrió una nueva nota en el pentagrama. La marcó y la orquesta la tocó, clara y vibrante. Emilia, por fin, era música.

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Acerca de kareche

Escritora y editora. Profesora de castellano y Literatura. Especialista en Literatura infantil y juvenil.
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4 respuestas a La hormiga música

  1. Mery dijo:

    Es muy triste… ¿Hacía falta que se muriera para ser lo que siempre quiso ser?

    • kareche dijo:

      Ay, Mary!
      A veces no es todo tan blanco ni tan negro… Emilia quizás deja de ser hormiga para ser música. Como quien deja de ser niño para ser hombre, o deja de ser estudiante para ser profesor, o doctor, o cualquier otra cosa. Por otra parte, todos morimos, y si alcanzamos con eso nuestro destino, tal vez no esté tan mal… Tal vez no sea tan triste…

  2. solsilvestre dijo:

    Es cierto, un relato agridulce, pero no por eso menos divertido… ¡Me gusta leerte, Kareche!

  3. petra dijo:

    me gusto ese final. Si se puede dar vida despues de la vida. Y paso a ser una nota musical (musica) lo que queria ser

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