Como un bostezo

Después de cenar empezó el noticiero y para Julia fue como si la televisión se hubiera descompuesto. Ya no le importaba nada de lo que decía o mostraba.

– A la cama, Julia. – dijo su papá, y Julia dio un resoplido como única respuesta. Las escaleras se le hacían largas a esa hora, y la cama un desierto de sábanas en donde sólo podía morir de aburrimiento.

– Un cuento, papá…

– Pero si ya eres grande, ya sabes leer tú sola, elige uno y léelo.

– ¡Uf!, es que no es lo mismooooo… Tú lo lees más bonitoooo…

– Vamos, Julia, no hagas capricho y vete a la cama.

– Por favoooooooor… – a esa hora las letras “O” se estiraban en todas las palabras que Julia pronunciaba.

– Pero a ver, Julia, has visto tus programas de televisión y nadie te ha dicho nada. ¿Por qué no me dejas ver el noticiero en paz?

“¡Qué morro!” pensó Julia. “Todas las mañanas lee el diario, ¿para qué querría volver a escuchar las mismas noticias en el telediario? Y luego dice en paz, pero todas las noticias hablan de guerras.”

– Papá…

– Mmmm

– Papá, ¿cuándo viene mamá?

– En un rato, Julia, deja oír.

– Es que ayer solamente me contó un cuento…

Ahora el periodista del telediario leía números, uno detrás de otro. Quizás eran los resultados de un sorteo, o la cantidad de niños que habían paseado con un globo ese día, o el número de helados vendidos por el heladero.

– Mamá se sabe unos cuentos muy divertidos, y además a ella le gusta contarlos.

– Julia…

– Es que de pequeña ha visitado muchos sitios y siempre recuerda historias de esos lugares.

– Ya.

La voz del periodista era siempre igual, no hacía voces como su madre cuando contaba cuentos. Seguramente lo que decía era tan aburrido como su voz.

– Papi… ¿A qué hora llega mamá?

– En cualquier momento, y será mejor que te encuentre en la cama.

– Tú también cuentas cuentos bonitos.

– Julia, ya es tarde. ¡Luego te cuesta levantarte a la mañana y no haces a tiempo de tomar el desayuno!

– ¡Uf! No tengo sueñooooo…

– Mira que mamá traerá medialunas para el desayuno de mañana… – los ojos de Julia se abrieron como platos.

– ¿Medialunas?

– Sí, le pedí que pasara por la panadería argentina y las encargara.

– Vale, yo me acuesto, pero tú me cuentas un cuento bien cortito antes.

– Julia…

– Por favor, papá, sólo unooooooo…

– Mira, haremos lo siguiente: tú subes…

– ¿Sola?

– Sí, subes sola y te pones el pijama. Yo escucho el reporte del tiempo y en cinco minutos te alcanzo. Mientras tanto eliges el libro y lo vas mirando, ¿vale?

– Vale.

– Pero que sea uno cortito, ¿sí?, cortito como un bostezo.

– Sí, papá, como un bostezooooooo.

Aquella última palabra fue casi mágica. La “O” final se transformó en bostezo y el sueño se le coló a Julia con el aire.

Cuando su papá subió, unos minutos después, Julia dormía plácidamente, abrazada a un libro pequeño.

Karina Echevarría

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Acerca de kareche

Escritora y editora. Profesora de castellano y Literatura. Especialista en Literatura infantil y juvenil.
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