Chocolate

chocolate

– Esto no soluciona nada, pero si estás triste, te hace bien… – y le dio un cuadradito de chocolate. Tenía esa idea desde que había leído Harry Potter, el número tres, y el mago comía chocolate para contrarrestar el efecto que provocaban los dementotes en los seres humanos. Desde entonces descubrió que el chocolate ayudaba a combatir la tristeza. A su amigo se le había muerto el abuelo el domingo y estaba realmente triste. Ella no sabía qué decirle, pero necesitaba hacer algo por él y entonces se le ocurrió lo del chocolate. No es que pensara que con eso le devolvía al abuelo, pero al menos, sentía que ayudaba un poco, le hacía bien.

– Gracias – le dijo él y le contó cómo lo extrañaba los domingos, porque los domingos eran los días en que el abuelo almorzaba con toda la familia. Y ahora quedaba un espacio vacío en la mesa, y él sentía otro vacío adentro, difícil de explicar.

Después se pusieron a jugar con la computadora. Se rieron a carcajadas y discutieron un poco por pavadas.

– Me toca a mí… – protestaba ella.

– ¿Por qué? Si no perdí.

– ¡Pero hace media hora que estás! Yo estuve solamente cinco minutos

– Porque perdés enseguida – y se rió a carcajadas. Ella se enojó y lo dejó solo. Bajó al comedor y se puso a mirar la tele. Él bajó a los cinco minutos, se aburría. Miraron lo que había, y después tomaron la leche.

– Esta taza es horrible. – se quejó ella.

– A nadie le gusta, para mí está buenísima, dame, te la cambio. – cambiaron tazas y se rieron, y después volvieron a la computadora, pero esta vez él la dejó jugar dos veces seguidas.

Cuando se hizo de noche la vinieron a buscar y ella se fue a su casa. El apagó la computadora y bajó a comer. Su papá estaba muy triste, y entonces volvió a sentir ese vacío adentro. La mamá trataba en vano de distraerlos a los dos. Mientras levantaba la mesa, contaba lo que había pasado esa tarde, cosas sin importancia que nadie oía. El buscó un cuchillo en el cajón de los cubiertos y partió en dos el cuadradito que su amiga le había dado:

– Esto no soluciona nada, pa, pero nos va a hacer bien – y compartieron la tristeza y el chocolate.

Karina Echevarría

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Acerca de kareche

Escritora y editora. Profesora de castellano y Literatura. Especialista en Literatura infantil y juvenil.
Esta entrada fue publicada en cuentos y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Chocolate

  1. solsilvestre dijo:

    Qué lindo relato, Karina. Es cierto que es difícil tratar este tema con los chicos; sobre todo porque es igualmente difícil para los grandes…Me encantó.

  2. Ale Gallo dijo:

    Gracias por el chocolate para el alma! Me encantó…

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