Luc-H-14 no podía recordar que hasta hacía dos meses había sido Luc-H-13. Al cumplir años su nombre había cambiado como cambiaba el de todos los seres humanos. Automáticamente y sin que el cambio provocara conflictos con la MP o Memoria Permanente.
Esto nada tenía que ver con el tratamiento antidolor de los últimos dos meses en los que había asistido a su CiberPsiq con absoluta puntualidad.
Ahora caminaba por la calle, hacia la casa de unos amigos para ver el último partido de la copa Intergaláctica de King-Ball, y se sentía ligero como un colibrí. Un sol otoñal se derramaba suavemente y lo acariciaba sin sofocarlo. Era una mañana de lo más agradable. Pasó frente al vivero y las manchas rojas y fucsias de los geranios le trajeron la imagen de telas estampadas y volados. No supo definirlo. Eran sensaciones dulzonas y antiguas. Una intuición tierna y vaga. Pero le gustó lo que veía y se quedó allí un instante admirando las flores.
Bordeó la plaza y se detuvo frente a las hamacas vacías. Todas permanecían inmóviles excepto una que iba y venía con lentitud aplacando un último vaivén. No pudo entender el motivo, pero tuvo la necesidad de esperar a que por fin frenara totalmente. Una imagen táctil, tibia y húmeda lo desconcertó sin explicaciones. Un sabor conocido se pegó a sus labios.
Apuró el paso, sentía el bullicio de las hinchadas por los parlantes públicos. El partido comenzaría en cualquier momento.
Sus amigos lo esperaban impacientes en medio de la teletransmisión tridimensional. Cuando Luc-H-14 llegó, el partido acababa de comenzar.
Entre bebidas sintéticas, golosinas y habilidosas jugadas, la tarde transcurría mansamente. Luc-H-14 estaba a gusto con sus amigos, como estrenando días. Se sentía despreocupado y liviano. La vida era a los 14 años una laguna serena y luminosa, en la que él podía echarse de espaldas y flotar haciendo la plancha. Nada lo hundía. Todo era suave.
—La memoria de los elefantes es tan inmensa como ellos— le había dicho el CyberPsiq en su primera sesión—. Y eso la vuelve una carga pesada. No es bueno recordar tanto, y absolutamente insalubre recordarlo todo. La ciencia moderna nos permite activar químicamente los mecanismos cerebrales de la memoria y el olvido, para labrar en nosotros recuerdos que solamente nos sean útiles para avanzar en la vida, que no se conviertan en lastre. En dos meses te sentirás como nuevo.
—Imposible —murmuró entonces Luc-H-13, porque entonces aún era Luc-H-13. Todo lo que había vivido estaba tan claro, tan densamente impregnado en sus vivencias, que no podría olvidarlo sin entregar parte de sí mismo. “Adherido a mi esencia” se dijo, “perderlo sería perderme”.
—Pamplinas —retrucó el CyberPsiq—. Créeme que sé de lo que hablo. Esto está probado y la experimentación de los últimos 20 años lo prueba.
El partido terminó 53 a 46 para los locales. Luc-H-14 y sus amigos festejaron con la ciudad entera hasta entrada la noche. Las calles iluminadas invitaban a compartir su alegría. Había música y hologramas animados por todas partes. Una inmensa rosa roja que se deshojaba provocó en Luc-H-14 una sensación extraña, indefinible. Pero la algarabía generalizada pronto lo hizo olvidar lo que no recordaba. El bullicio resultaba contagioso y analgésico.
Visitaron varios locales de realidad virtual antes de volver a la plaza. El aire aún no se enfriaba. Era una noche serena, sin lluvias de meteoritos ni estridencias luminosas. La gente se hamacaba en la placidez del momento, como presintiendo que era una clara excepción del clima, una de las últimas noches de un otoño con vestigios del verano que había acabado.
Entre la multitud de personas festejando, Caro-T-15 atravesó la plaza con un vestido estampado de geranios rojos y fucsias, cargado de volados.
Pero Luc-H-14 estaba curado y no supo reconocerla. No podía recordar que en las hamacas de esa misma plaza, un año atrás, ella le había dado el primer beso, tibio y húmedo. Tampoco recordaría que allí él le había dado una rosa roja que se deshojaba impiadosa entre sus dedos. Y menos aún, que tiempo después ella le había roto el corazón. La primera pena de amor puede ser un recuerdo-lastre, de esos que borra la terapia antidolor.
Luc-H-14 ya no podía recordarlo. Se sentía liviano como un colibrí. Flotaba casi. Sin embargo, la liviandad de repente le supo a vacío.
Karina Echevarría