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Frío invernal.
La mañana oscura
trajo la nieve.
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Entre bufandas
y altos cuellos de lana
tu nariz roja.
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Publicado por kareche en junio 30, 2009

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Frío invernal.
La mañana oscura
trajo la nieve.
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Entre bufandas
y altos cuellos de lana
tu nariz roja.
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Publicado en poemas | Etiquetado: haikus, invierno, poemas | 1 comentario
Publicado por kareche en junio 28, 2009
Para adolescentes
Autor: Antonio Santa Ana
Editorial: Grupo Editorial Norma
Año de edición: 1998
ISBN: 958-04-4391-2
Cant. de páginas: 138
Frente al SIDA la mirada de todos cambia: hay miedo, compasión, lástima, dolor. La única mirada que no cambia es la que Ezequiel recibe desde los ojos de su mascota. Él lo sigue viendo como siempre, con la misma lealtad.
El protagonista de esta historia irá descubriendo lo que su familia pretende esconder. La enfermedad de su hermano mayor lo llevará a cuestionarse sobre los afectos que creía invulnerables, sobre los silencios y las voces que no dicen lo que quisieran.
Un novela fuerte pero sin golpes bajos ni dramatismos exagerados, para abordar con realismo y prudencia uno de los temas tabú que más preocupa a los jóvenes.
Publicado en reseñas | Etiquetado: adolescentes, ojos, perro, reseñas, Santa Ana, siberiano | 14 Comentarios »
Publicado por kareche en junio 26, 2009
Siguiendo con la cadena de links y referencias, comparto este video que publicaron los chicos de Literatura infantil y juvenil actual, publicidad de la página de la cadena Random House Mondadori.
Si te pasa algo parecido, no es casual, es humano.
Publicado en recursos | Etiquetado: enlaces, promoción de la lectura, recomendaciones | 2 Comentarios »
Publicado por kareche en junio 24, 2009
- ¡Una mariposa azul, mami! – gritó Mariana al asomarse al cristal de la ventana con el lápiz en la boca y ver pasar un papelito de caramelo que descendía desde la terraza. Estaba haciendo su tarea, y creyó que aquello que patinaba en el viento era una mariposa.
- Seguí con las cuentas – le dijo su mamá que lavaba los platos en la cocina. Mariana ya estaba otra vez sobre el cuaderno…
- Dos más dos… – …y el papelito seguía su camino.
Al pasar por la ventana del tercer piso los mellizos Gutiérrez, que estaban peleando por una pelota, se detuvieron un instante y con la boca abierta vieron eso que pasaba frente a sus narices contra el cielo celeste.
- ¡Una mariposa azul! – gritaron a coro.
- Dejen de pelearse – respondió la abuela desde el otro cuarto sin enterarse de nada de lo que ocurría. Fue apenas unos segundos y los dos chicos volvieron a revolcarse sobre la alfombra, y el papelito siguió bailando en el aire.
- ¡Una mariposa azul! – dijo un anciano muy arrugado que regaba las plantas del balcón del segundo piso, y trató de tomarla con sus manos, dejando caer la regadera y el agua sobre un policía que justo pasaba debajo, y que se quedó escurriendo la bronca en la vereda. Pero el papelito ya estaba muy abajo, cruzaba el primer piso, donde una señora tendía sábanas blancas.
- ¡Fuera, mariposa, no ensucies mis sábanas! – y agitando las manos provocó una ola de viento que hizo que el papelito diera tres vueltas antes de seguir cayendo. Ya estaba en la planta baja, y muy pronto en el piso, a punto de ser pisoteado por los que pasaban caminando.
Entonces una señora muy elegante se agachó a levantarlo y pensando que era una flor se lo puso en el sombrero.
Karina Echevarría
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Publicado por kareche en junio 20, 2009
Los que leemos con asiduidad (o desesperación a veces) sabemos que siempre una lectura dispara otras lecturas. Leímos Niebla de Unamuno y descubrimos que nos faltaba La vida es Sueño de Calderón, y de allí necesitamos otro del autor, u otro de la época, o de un contemporáneo que lo evoca y así nos fuimos perdiendo en múltiples caminos de un laberinto en red que gracias a Dios nunca termina.
Así como beber sacia la sed y a la vez provoca una nueva, leer llena un vacío y abre otros.
De eso se trata, de generar sed de lectura a través de la lectura.
Los docentes pueden prever posibles itinerarios lectores, nunca cerrados ni acabados, pero sí acotados a un tiempo, necesidades concretas, preferencias y niveles lectores de sus alumnos.
Algunos itinerarios pueden armarse desde las temáticas, otros desde los géneros literarios y sus especies, se puede ir graduando el nivel de dificultad, etc. Siempre se recomienda dejar un espacio abierto a la decisión del grupo, más allá de las decisiones personales que se darán en forma individual y fuera del aula.
Con un grupo de 2do secundaria, comenzamos el año pasado con Cuentos de la selva de Quiroga, pasamos este año a Cuentos de amor, de locura y de muerte del mismo autor, y continuamos con los Cuentos de Edgar Allan Poe. Una lectura nos llevó a la otra, casi sin darnos cuenta. Se me ocurren otros itinerarios, por ejemplo, a partir de personajes como los vampiros, ahora tan de moda.
Me gusta pensar que iniciamos con nuestros alumnos un camino, del cual conocemos el punto de partida, pero que no se acaba a fin del trimestre, ni a fin de año, ni siquiera a fin del colegio. Me gusta pensar que ellos siguen abriendo caminos nuevos, caminos que yo aún no he recorrido.
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Publicado por kareche en junio 17, 2009
Esta simpática historia de Werner Holzwarth, con ediciones en varios países ya tiene su video:
(Sí, está en alemán, pero no pude encontrarlo en castellano.)
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Publicado por kareche en junio 15, 2009
Raíces del Chaco Salteño
A partir de los 8 años
Autor: Varios
Editorial: Cooperativa de trabajo, cultural y educativa Cefomar Ltda.
Año de edición: 2007
ISBN: 978-987-22559-3-0
Cant. de páginas: 80
Esta antología bilingüe (wichí – castellano) de leyendas del Chaco Salteño surge a partir del trabajo de docentes y alumnos de la escuela Nº4162 “Buena Fe” del paraje Pozo El Tigre, en la provincia de Salta. Se propone, según ellos mismos enuncian, “valorar lo propio, la raíz, lo originario, las culturas del Chaco Salteño”, y lo logran con méritos.
Los relatos recopilados nos cuentan el origen del Río Pilcomayo, de las vizcachas, del armadillo, del chajá y de algunos personajes legendarios de la región. Cada una indica al final quién contó oralmente la historia y quien la transcribió, porque no hay autores, pero hay voces que han sabido conservar y transmitir estos tesoros.
La edición se completa con expresivas ilustraciones de los mismos alumnos y un apéndice de actividades para llevar los textos al aula. Un libro que surge del trabajo en la escuela, para llegar a otras escuelas y dar a conocer un patrimonio cultural invaluable.
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Publicado por kareche en junio 12, 2009
por Carola Sabogal
La lectura es un placer sin igual para el alma y el pensamiento, y sus virtudes se realzan cuando padres e hijos la llevamos a cabo conjuntamente. No sólo les abrimos a los niños el camino a la imaginación, sino que también estrechamos los lazos que nos unen, estableciendo una relación especial y mágica con ellos. La lectura se convierte por lo tanto en el momento esperado y único que crea un mundo personal y exclusivo entre ambos.
Desde mi experiencia como madre de cuatro hijos, con la diversidad de sus personalidades y gustos, siempre la lectura ha sido una oportunidad
de encuentro y de profundización en la relación con cada uno de ellos. Desde muy chiquitos los libros estuvieron siempre al alcance de sus manos, en formas y colores, en la tierna infancia y sobre todo en las lecturas nocturnas –muchas veces dramatizadas- que disfrutábamos en la habitación. Poco a poco cuando ya empezaban sus primeras letras, se fueron complicando las tramas, y leíamos de a dos, para estimular el aprendizaje, pero por sobre todo para nutrir la imaginación.
La lectura se volvía secreto cuando con un guiño decíamos “zápate” y la risa envolvía la casa o cuando hacíamos alguna reverencia “quijotesca” ante algún molino de viento que nos azotaba.
Conforme crecían, iban afirmando sus gustos: a este la aventura, a la otra lo romántico, a aquella lo reflexivo, pero de hecho cada uno sabía que podía encontrar una palabra de aliento en las historias que navegaban.
Los clásicos abundaron en la niñez y adolescencia de mis hijos, se los llevaba de a puntillas y los leíamos con avidez y respeto. Hubo que elegir con cuidado las ediciones ya que no todo lo que reluce es oro, y la síntesis de las obras no siempre resultan efectivas, por eso animo a los padres a ser selectivos en esto.
Hay épocas de desierto literario, en las cuales chicos y jóvenes se apartan de la lectura y enfocan sus intereses en otros ámbitos, pero no hay que alarmarse por esto, ya que si hemos sembrado con ellos desde pequeños el atractivo por leer, este surgirá nuevamente con fuerza cuando sean mayores.
Otra de las formas de adentrarse con los niños en la lectura es tomar como recorrido habitual una librería o una biblioteca – y hacerse socio- y recorrer los estantes con ellos, divertirse mirando las tapas y las imágenes. Es una suerte de ritual que luego ellos mismos terminarán haciendo con sus propios hijos. Y no les quepa duda que el aroma que se desprende de las páginas de un libro, será una de las sensaciones más hermosas que sabrán disfrutar.
Hoy en día el acoso casi extorsivo que hacen los medios de comunicación, y el uso constante de la informática hacen que niños y jóvenes se alejen del contacto con el libro, sin embargo, no pensemos que quedamos “mal” regalándoles un buena obra literaria, por el contrario, en las noches resurgirá esa magia que fue dada en la infancia y ellos mismos sabrán recobrarla.
Y hoy en día, mis hijos y yo mantenemos vivo este vínculo mágico de leer. Muchas veces son ellos los que me recomiendan algún libro y entonces siento que vuelven esas noches que abrigados bajo las sábanas éramos cómplices de un secreto único y fabuloso: el tesoro de la lectura.
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Publicado por kareche en junio 10, 2009
Para un taller he estado buscando en Internet rondas, nanas, adivinanzas y juegos. No sé si saldrá algo bueno de todo esto, pero mientras tanto, ¡me lo pasé genial!
Quería compartir con ustedes dos páginas que me han transportado a la infancia.
La primera está en la Biblioteca de Imaginaria, en la parte de poesía tradicional.
http://www.educared.org.ar/enfoco/imaginaria/biblioteca/?cat=5
Y esta otra la descubrí a partir de un link de Imaginaria, es una página chilena sobre juegos y rondas, pero lo más divertido es que trae versiones de una misma canción en distintos países hispanoparlantes:
http://www.oresteplath.cl/antologia/origyfolc.html
¡Que se diviertan!
Dibujo de Joaquín
Publicado en recursos | Etiquetado: adivinanzas, juegos, nanas, rondas | 1 comentario
Publicado por kareche en junio 8, 2009

Los escépticos que no creen en la vida de las plantas deberían conocerme y escuchar mi historia. ¡Entonces sí que cambiarían de opinión!
Yo iba al colegio como todos los días. Bueno, como todos los días no. Algunas veces mi papá me lleva en la camioneta, pero ese día a mí me había costado mucho salir de la cama, y mi papá se puso nervioso y mi hermanita lloraba porque llegaba tarde al jardín, y entonces mi mamá dijo:
- ¡Váyanse nomás!, y que Ricardito camine hasta la escuela.
A mí no me importó ni un poquito. La escuela no está tan lejos, apenas diez cuadras, y a mí me divertía contar los árboles del camino. Eran exactamente veintiocho del lado derecho y treinta y dos del izquierdo, sesenta en total.
Ya salía tarde, así que no me apuré, y conté tranquilamente todos los árboles de la calle Edison. Sin embargo, cuando llegué a la escuela apenas iba por cincuenta y nueve. Me pareció raro, porque yo no me había distraído nunca, ni siquiera cuando el colectivo levantó toda el agua que se juntaba en el cordón y me mojó las zapatillas y las medias blancas. Tampoco perdí la cuenta cuando corrí perseguido por Bungo, el salchicha de mi vecina que siempre me corre cuando le saco la lengua. Estaba seguro de haber contado cincuenta y nueve.
Cualquier chico responsable hubiera entrado a la escuela y se hubiera olvidado del árbol que faltaba. Pero mi papá siempre me dice: “¡Sos un irresponsable!”, entonces yo di media vuelta y volví a casa para contar otra vez.
¿Saben cuántos conté esa vez? Cincuenta y nueve, igual que la vez anterior. Faltaba un árbol, no cabía ninguna duda.
Yo no me acordaba la especie de todos los árboles, así que aunque sabía que faltaba uno, no tenía idea de cuál era, si tenía flores, frutos, hojas o piñas. Lo que sí sabía muy bien, es que los árboles no se vuelven transparentes ni invisibles, que es casi lo mismo, así que algo raro pasaba.
Otra vez di media vuelta y caminé hacia la escuela, pero esta vez buscando algún rastro de sierras eléctricas, de aserrín fresco o de astillas de hachazos. Nada. Todo estaba tranquilo, si hasta parecía que los demás árboles disimulaban porque se oía como un cuchicheo y un silbar distraído.
De repente tropecé con un montoncito de tierra, y por un momento temí lo peor: que Bungo, o cualquier otro perro, hubiera estado haciendo de las suyas en la vereda y hubiera tapado su regalito con tierra. Pero no, era tierra limpia y fresca, y era un montoncito muy chiquito, y detrás había otro y otro más, y otro, como huellitas de tierra que se alejaban hasta la esquina. Yo saqué mi lupa, porque ese día tenía Ciencias Naturales y el profe siempre dice que llevemos lupa, y me puse a mirar los detalles. Y estaba así, concentrado en la pista cuando alguien me dijo:
- ¿Qué haces? Andate que me van a descubrir.
Yo saqué el ojo de la lupa y solamente vi un tronco gris con un poco de musgo de un lado. Levanté la cabeza y entonces vi las ramas, y las hojas, y las flores rojas. Después cuando quise volver a mi montoncito de tierra fue que vi las raíces, pero lo raro, lo extraño de la situación es que las raíces estaban ahí, al aire, ¡no estaban enterradas!
- Dale, nene, andate que si me descubren soy leña.
¡¡¡El árbol hablaba!!! Y me hablaba a mí, me decía que me fuera. Yo quería correr, pero las zapatillas se me habían pegado a la vereda, era como si se hubieran derretido de repente, no podía moverme.
- ¿Qué pasa? ¿No entendés el idioma arbóreo? Si me seguís mirando con la boca abierta pronto se va a juntar todo el barrio a ver qué pasa y a mí me convierten en biblioteca o mesa. ¿Podés moverte?
- No – le dije, y cerré la boca, con esfuerzo.
- ¿Qué te pasa? ¿Te agarró un calambre? ¿Te atacaron las termitas? ¿Te picó un pájaro carpintero?
- No – volví a decir, pero no pude emitir otro sonido.
- Bueno, bueno, no te pongas repetitivo. Es la primera vez que hablo con un ser humano y no parece muy divertido, ¿no?
- No – dije por tercera vez y me sentí muy tonto.
- No hay caso, me parece que no nos entendemos…
En ese momento se oyó muy lejos un ruido como de sierras eléctricas, probablemente de la carnicería de Cacho, y el árbol pareció asustarse. Giró sobre sus raíces, dio media vuelta y se alejó por la vereda dejando montoncitos de tierra a cada paso, y un sonido de ramas sacudiéndose despacio.
Me quedé ahí, plantado en la vereda, y de repente sentí las cosquillas de las primeras hojitas que brotaban en mis manos. La calle Edison seguiría teniendo sus sesenta árboles.

Karina Echevarría
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